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Rocío Márquez corona la noche flamenca de Estival

La onubense hizo suyo el escenario Solán de Cabras para sumar una noche más de grandes actuaciones en el festival conquense, precedida de una magnífica actuación del cuadro flamenco de Virginia García Vicente



Con suave brisa, con una carantoña risueña como queriendo pedir perdón por las gotas del día anterior, el cielo respetó ante los tímidos avisos de lluvia el espacio de Estival Flamenco. Así, los más de 360 asistentes y amantes de este arte contemplaron con sus cinco sentidos el lujo del taconeo y los movimientos de la conquense Virgina García Vicente, acompañada por la gran guitarra de Chema Bautista y el duo Chaskío, así como la inigualable voz de Rocío Márquez sobre el escenario Solán de Cabras del Parador de Cuenca.


Una tarde noche donde ‘el duende’ comenzó a sentirse desde su inicio, con el maestro Bautista sobre el escenario y arrancando con los hermanos Iván y Abraham Segura al cante y la guitarra. Con las primeras piezas de flamenco, Virgina hizo aparición para apoderarse del escenario con el trazo de sus pies, furiosos por momentos cual tambores de guerra que martilleaban con una poderosa energía para trazar acto seguido pinceladas suaves y virtuosas, deslizando sus puntas sobre las tablas. Su entrega se dejaba notar en cada uno de sus chasquidos, sus gestos, la elasticidad y sinuosidad de sus brazos. La mezcla entre el cante y el baile conquistó un año más a los presentes en lo que la bailaora deja por costumbre su sello personal en Estival Cuenca.



Finalizado el primer acto, el tradicional inciso se vio quebrado por la entrega del premio Manuel Margeliza 2019. Un reconocimiento con el que Estival se encarga de premiar los valores que transmiten los diferentes artistas galardonados, a la vez que honra la memoria del docente y músico conquense. Rocío, galardonada en esta edición, agradeció el detalle del festival por tal honor, al tiempo que recordó la labor por la que tan reconocible era Manuel Margeliza.


Después del emotivo momento, la música de la onubense acompañada de la guitarra del maestro Juan Antonio Suárez fueron las que tomaron el relevo en la noche. Sus interpretaciones embelesaron al público que flaqueaba cada vez que Rocío alargaba hasta la extenuación su torrente de voz. Así, fue combinando canciones de su último disco con grandes piezas del flamenco, además poemas, dotando a las palabras que salían de su boca con una viveza musical. Una característica que se ha dejado sentir en cada uno de los temas de su último trabajo.


Como anécdota, la onubense confesó con su público el gran cariño que le tiene a Cuenca “por este festival, por la buena gente y por que aquí me saqué el carné”, bromeó en uno de sus interludios.


El tramo final terminó de hacer creyentes a los ateos del poderío de esta cantaora que con ‘se nos rompió el amor’, una seguidilla y una última pieza a capella por petición popular, puso un magnífico broche a la noche flamenca



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